Después del reconfortante café en el bar de Puerto Castilla, el día se planteaba caluroso y quizás por eso una de las primeras calles fue la Calle Hornillo.
Le siguió un camino protegido en su mayor parte por una agradable sombra de robles, fresnos, alisos y enormes castaños centenarios con los picos de Gredos siempre al lado y a lo lejos.
Y no faltaron a lo largo del camino invernaderos de frambuesas y una buena colección de árboles frutales. Y moras de zarzamora que hicieron las delicias de más de uno. Y hasta una quesería. Y cabras, vacas y un cerdo que pugnaba por venirse con nosotros (y el dueño lo llamó con el único grito extemporáneo de toda la marcha)
Y saltamontes y mariposas que, aunque menos, también vimos.
Y un mirador astronómico, que hay varios, porque por aquí los cielos están especialmente limpios y despejados.
Y fuentes. Numerosas fuentes de agua fresca y clara que nos vinieron como anillo al dedo.
Y alguna que otra veleta que te hacía mirar de nuevo el horizonte montañoso.
Un día maravilloso, en un lugar maravilloso, con gente maravillosa.
Fotografías de Javier Hernández y Francisco Labrado (vídeo).


No hay comentarios:
Publicar un comentario